miércoles, 10 de diciembre de 2008

25 AÑOS DE DEMOCRACIA-25 AÑOS DE POLITICA

EXTRAIDO DE UN DIA PERONISTA.......
Un día como hoy pero hace 25 años
reasume la conducción del país un presidente electo por el pueblo de la Nación Argentina luego de haber sufrido durante siete años la ofensiva genocida de la dictadura más sangrienta e hija de puta que dio nuestra historia. El 10 de diciembre de 1983 sólo es comparable con el 25 de mayo de 1973 en cuanto a que el país recupera la verdadera democracia en la que todos los argentinos podemos votar libremente. Lo que había durado 18 años contra el peronismo, se redujo a siete pero con más brutalidad y contra casi toda expresión política y social. Lo que aguantó 3 años, ahora está cumpliendo 25 pero con el pueblo todavía muy desorganizado. Festejemos que no es poca cosa.
Un día como hoy, además, pero hace un año, asume la primer mujer electa para ocupar el cargo de mayor jerarquía de nuestro país. Invitamos a leer dos reflexiones ajenas pero compartidas sobre ambos acontecimientos:
Al respecto de la primer fecha, ya se ha hablado mucho allá por el 8 de octubre, porque se conmemora la primer elección democrática, pero igualmente recomendamos leer este articulito de Ricardo Forster publicado en el Página de hoy.
En lo atinente a la segunda conmemoración, nada mejor que esta elaboradísima nota del Escriba en Artepolítica, de una calidad tal que alcanza para eximirlo de aquella infame traición a la patria bloguera que cometiera el domingo pasado en ocasión de su ausencia a la tertulia convocada por la compañera Eva Row.
A lo largo del día habrá miles de reflexiones al respecto de uno y otro acontecimiento. La Cadena Nacional de la Gente Linda también seguramente realizará sus balances que, seguramente apuntarán cañones en contra de "la clase política" y sus falencias y jamás incluirá entre su repertorio autocrítica alguna por su propia actuación en democracia -mucho menos durante la dictadura- reafirmando su puesto en el podio de "único sector del establishment" que ha sido siempre puro y bueno.
En oposición, cabe reivindicar a la actividad política y militante, en todos sus órdenes (social, partidaria, sindical, estudiantil, etc.) como mayor responsable de haber llegado hasta acá en democracia. Con sus falencias, con sus errores, con sus traiciones, con sus claudicaciones, la política es la única herramienta con la que cuenta el pueblo para dotarse de defensas y asegurarse derechos. Ni el mercado, ni el ejército, ni los grandes medios, ni la "República" en abstracto y con mayúscula, ni la Iglesia, ni el “kempo” han hecho nada para contribuir a esta democracia. Por el contrario, han hecho mucho por destruirla o debilitarla. La política y en su nombre "los políticos", blanco del odio clasemediero, blanco del discurso único posmoderno que ubica todos los males en la loable actitud de participar en los destinos de lo colectivo, en un día como hoy, se lleva los pocos laureles.
Para ellos, peronistas y radicales, de derecha y de izquierda, federales y unitarios, rosistas y mitristas, montos y perros, nacionalistas católicos y nacionalistas demócratas, sindicalistas gordos y flacos, sindicalistas negros y blancos, frepasistas, franjosos y socialistas, troscos y comunistas, piqueteros duros y blandos, verticalistas y horizontalistas, independientes e independientosos, putos peronistas y peronistas faloperos, festejen que este es su día. Un día peronista. En definitiva todos somos peronistas. Los que ya se dieron cuenta y los que todavía no. Los peronistas que hacen el papel de peronistas y los que, en el “Gran Teatro Universal del Peronismo Que Todo los Abarca y Todo Lo Condensa”, son peronistas pero les tocó hacer el papel de gorilas.
Por último, en esta fecha tan particular, recordamos y saludamos a todos los compañeros perseguidos, bombardeados, fusilados, proscriptos, torturados, asesinados, desaparecidos y exiliados por hacer política defendiendo los intereses de los que menos tienen.

martes, 2 de septiembre de 2008

UNIVERSIDAD Y PROYECTO NACIONAL

Tras los muros

Más allá de la diversidad arquitectónica de nuestras unidades académicas, tenemos la certeza de que todas ellas durante gran parte de su historia, han permanecido amuralladas, enclaustradas, con escaso contacto con la realidad nacional y social.

No desconocemos las implicancias de este debate que volvemos a plantear y la posición que sostenemos no significa negar que las Universidades Nacionales nos han brindado por años miles de profesionales sin los cuales nuestro país y nuestra sociedad no serían concebibles, posibles. Y nuestra Patria es un proyecto posible. Pero en esa posibilidad reside también la necesidad de derribar los muros que delimitan la función social que las Universidades pueden y deben tener. Es hora de inculcar un poco de claustrofobia en nuestros claustros, a partir de ensayar nuevas prácticas que transformen la enseñanza, la investigación, la extensión, la gestión universitaria, la política estudiantil, y todas las actividades universitarias que concibamos, en función de insertarlas, en mucho mayor, grado en la realidad nacional y social.

Los límites de éstas prácticas tienen que quedar claros. No sería posible ni deseable que las Universidades asuman responsabilidades que les competen a otros organismos del Estado. Está claro que nuestras Universidades Nacionales no pueden hacerse cargo de la salud de toda la población, de la administración de justicia, de la obra pública, de la alfabetización, de la definición de la política económica, o de las relaciones exteriores. Estas son funciones del Estado.

Pero eso no implica que no puedan ser parte en la solución de estos problemas, tanto en la elaboración de propuestas, como en una práctica que les permita ayudar y aprender al mismo tiempo. Y hay muchos ejemplos históricos y contemporáneos de utilización de la capacidad instalada universitaria en el aporte o soporte para la resolución de todo tipo de asuntos de la comunidad. Desde las prácticas más institucionalizadas en los institutos de investigación universitarios (en aquellos casos en los que los objetivos de la investigación se acoplan a alguna demanda o necesidad de la sociedad), hasta las iniciativas más cuestionadoras originadas en la voluntad de docentes, alumnos o investigadores, entre las que podemos incluir ejemplos de los más diversos, como los talleres para la producción de medicamentos o el Plan Fénix.

También debe quedar claro que la “bendición” académica de una idea, no le otorga categoría de Verdad absoluta por lo que las ideas propuestas no deben transformarse en ideas impuestas. Esto que parece una obviedad y que dicho así suena algo trillado, no lo es tanto para quienes tuvimos la oportunidad de estar de ambos lados del muro. Existe una concepción más o menos disimulada que equipara democratización del saber con difusión del saber académico hacia la comunidad, lo que lleva a una mirada unilateral y soberbia, y en definitiva a una vía muerta, sin retorno.

Entendido esto, se abre un enorme campo para la interacción entre las Universidades Nacionales y la sociedad. El Programa de Voluntariado Universitario es, sin duda, un avance sobre ese campo. Y un trabajo de sistematización de los resultados de algunas de las experiencias que desencadenó, nos permitirán entender la dinámica de la relación directa entre la Universidad y las organizaciones sociales. Y avanzar en una propuesta mucho más integral que nos permita implementar una política que sirva para que la Universidad al servicio del Pueblo deje de ser una consigna y se transforme en un avance irreversible.

martes, 26 de agosto de 2008

MARSANS A LOS NOVENTA , AEROLINEAS A ARGENTINA

La Confederación General del Trabajo, la Central de los Trabajadores de Argentina y el Espacio Carta Abierta coinciden, desde sus respectivas competencias y especificidades institucionales, en firmar y emitir conjuntamente la presente declaración en defensa de la definitiva reestatización de Aerolíneas Argentinas.

LOS NUEVOS CIELOS DE LA PATRIA

Un país, y una sociedad que intentan reencontrar su memoria social, política, cultural, federal y solidaria, no pueden sino enfrentarse a la imperiosa necesidad de recuperar como patrimonio del conjunto del pueblo, su línea de bandera. Aquella que nos recuerda un tiempo en que el Estado fue capaz, y esto está inscripto en nuestra conciencia, de construir y administrar y desplegar una empresa como lo fue AerolíneasArgentinas, que durante décadas representó el interés nacional, uniendo no sólo al país con el mundo, sino integrando nuestro territorio.

En estos días de arduos debates democráticos que atraviesan a la ciudadanía y cuyo epicentro es el Congreso de la Nación, se vuelve imperioso clarificar qué discutimos. Reinvindicamos la necesidad de recuperar una empresa desmantelada por las políticas privatizadoras llevadas adelante desde los años ´90, y bajo la ideología del neoliberalismo, que erosionaron el papel de lo público imponiendo la lógica del mercado, del negocio privado y de la rentabilidad como dios supremo, por sobre funciones indelegables del Estado. En consecuencia, subrayamos la responsabilidad y potestad de éste para intervenir en la defensa del interés público, de la soberanía nacional y de la protección del derecho de los trabajadores.

Aquellos que defienden otro proyecto de país enraizados en el discurso y la práctica privatista, sostienen, sin medir las consecuencias, propuestas quiméricas que sólo ofrecen como alternativa la quiebra de Aerolíneas Argentinas y su reemplazo por una empresa inviable. Un proyecto así daría cuenta de sus verdaderos objetivos: destituir la responsabilidad del Estado en la administración de lo público, que incluye la reestatización de aquellos bienes malversados por las políticas privatizadoras, como también en su rol de garante de la justicia social.

Por todo lo señalado, la recuperación al patrimonio nacional de Aerolíneas Argentinas, constituye un hito en la búsqueda y construcción de un país más solidario, más integrado, más democrático, y más justo.